Como es habitual por estas fechas, la cuenta atrás ha comenzado y, como cada año, animados unos y aterrados otros porque los días para disfrutar de la playa, la montaña y los deportes al aire libre se aproximan, se agarran al flotador de salvamento en forma de complementos dietéticos para ayudar a perder peso. Es casi inevitable la atracción por los mensajes como "controla la ingestión y absorción de grasas y de este modo reduce el peso corporal" o "acción reductora de la acumulación de grasas", incluidos en el prospecto de productos que se elaboran con chitosán, té verde o L-carnitina (supuestas sustancias quemadoras de grasa). La Red juega, a su vez, un papel cada vez más importante en todo lo referente a dietas y métodos de adelgazamiento, ya que es habitual encontrar on line ayudas supuestamente terapéuticas de las que conviene desconfiar, como, por ejemplo, los test genéticos que proporcionan un listado de alimentos permitidos y otros que presuntamente hay que evitar con el fin de perder peso. En las revistas impresas, por su parte, abunda la publicidad de dietas hipocalóricas en las que se pueden leer mensajes tan poco creíbles como "dos tallas menos...", "pierde hasta 3 kilos por semana" o "¡5 kilos en 10 días!".

 

Este tipo de dietas son las que limitan al máximo alimentos ricos en almidón como arroz, pasta, patatas, legumbres, pan, y en azúcares, además del propio azúcar y alimentos que lo contengan en abundancia como dulces, pasteles, refrescos, etc. Con una dieta muy baja en carbohidratos (20%-35% del total de la energía diaria, frente al 50%-55% recomendado), se agotan las reservas de glucógeno (en hígado y músculo) y esto se acompaña de un aumento de la diuresis (la orina) y, por tanto, una gran pérdida de peso inicial. Se puede interpretar que la dieta es muy efectiva, pero el peso perdido en las primeras fases es agua, no grasa. Con una dieta muy baja en carbohidratos, el organismo produce cuerpos cetónicos para sostener el uso de combustible en el cerebro, lo que puede redundar en una sensación de menor apetito y en una pérdida de grasa, contraproducente para la salud en determinados casos.

Según informa la ADA en su documento, tras la evaluación de los últimos ensayos bien diseñados sobre el uso de este método, las personas que siguieron una dieta baja en carbohidratos "ad limitum" (sin límite en la ingesta de alimentos) perdieron más peso en los seis meses iniciales que las personas que siguieron una dieta hipocalórica con bajo contenido en grasa. Sin embargo, esta diferencia que no era significativa a los 12 meses de comenzar la dieta. Por tanto, reducir la ingesta de carbohidratos puede ser una estrategia de pérdida de peso eficaz a corto plazo pero con limitaciones. Además, están contraindicadas para aquellas personas que padezcan osteoporosis, trastornos renales, colesterol alto y diabetes

 


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